Lunes 4 de Mayo de 2026
Vacaciones junto al mar
Anoche me acosté bastante tarde, pero lo cierto es que ayer dormí casi 12 horas y luego otro rato en la playa. Me levanto antes de las 9:00, pero no me siento cansado. A parte del diario ayer estuve trabajando bastante la ruta que voy a hacer… en breve me separo de mis padres durante unos días y quiero maximizar la experiencia.


























Al final la IA ha apostado por la misma linea que me decía Lio el italiano de Hue, que me recomendaba ir a Da Lat. Tengo tan claro que voy a volver a Viet Nam, que casi mejor no hacer un esfuerzo inútil y forzado, de tratar de ver algo del Mekong, justo en una época en la que va a estar muy duro el calor. Tampoco puedo hacerme toda la costa hasta Ho Chi Minh (a partir de ahora me referiré como Saigón, dado que es así como la llaman sus habitantes), puesto que con el tiempo que tengo sólo iría haciendo una noche, y dedicando el día a trasladarme al siguiente punto…
Sin embargo Đà Lạt es el valle del amor, paraíso de flores y frutas… colinas y montañas… está a 1800 metros de altitud, así que las temperaturas son de 20 y pico… y no la torradera y la humedad de la costa. Serán unas 7 horas hasta allí y de allí a Saigón otras tantas. Será un contraste después de que pasemos los próximos días junto al mar en Quy Nhon, y antes de la locura y el estrés de Saigón.
Bueno, pues me levanto a las 9 con todo preparado y bajo a desayunar. Hoy pido occidental, tortilla, que viene con pan y verdurita con los que preparo un bocata. Zumo natural de maracuyá, también como la fruta en sí, y dos cafes, uno por delante y otros por detrás. Subo a la habitación, meto los últimos cables y me tumbo en la cama. Son las 9:30 y nos recogen a las 10:30.
A las 10:15 bajo y espero con mis padres al taxi que nos lleva de vuelta a Da Nang para coger el tren a Quy Nhon. Llega antes de la hora, nos despedimos del personal y subimos al taxi. Cuando vinimos, el otro taxi hizo el recorrido por el interior y además nos quedamos los 3 fritos todo el trayecto. Esta vez va por la costa y atraviesa todo Da Nang. Nos sorprende gratamente.
Antes de llegar vemos las montañas de mármol, una visita que seguramente deberíamos haber hecho, por ser singular. Son los típicos peñascos de Ha Long y Ninh Binh, pero como todo esto son llanuras, destacan más. Una de ellas tiene una gruta muy grande y un templo dentro o algo así. Luego pasamos por los canales, y el puente con el dragón, que luce más bonito que en fotos. Las calles y aceras son amplias. La ciudad también, tardamos casi 20 minutos en cruzarla hasta la estación de tren.
Descarté Da Nang, ya que me la pintaban muy turística y masificada. Al cruzarla, no se si he hecho bien, tal vez mis padres la hubieran disfrutado más que Quy Nhon, a la que vamos hoy, con mucho turismo local, pero fuera de ruta del turista internacional de 2 semanas en Viet Nam. Lo que tengo claro que esto no es Viet Nam, esto es un bonito sitio para tumbarte al sol, bañarte y a la noche comer hamburguesas o marisco a precio internacional… me apetece relajarme unos días en la playa, pero soy Canario, y tal vez por eso detesto tanto lo que provoca el turismo. No he venido a Viet Nam a eso…
Llegamos con una hora de margen a la estación de tren. Cafecitos, cigarritos, paseitos y más hitos… A las 12:30 salimos de la sala de espera a las vías, buscamos el vagon 2 y subimos. Vamos en soft seats. No es nada lujoso ni nuevo, pero en cuanto te acomodadas vas como un rey… somos la familia Reyes… será por eso…
Son 5 horas y 20 minutos. Parecen mucho… pero son una delicia… en Asía solo había viajado 2 veces en tren. Con Martita en Myanmar y con Sai en Sri Lanka. Quienes me hayan leído otros viajes, saben que en estos más de 15 años, he descubierto que mis momentos de culmen en felicidad siempre estan vinculados a ir en una barca, ya sea un bote que nos lleva a una isla, o que remonta un río o cruza un lago… me siento siempre más vivo que nunca… pues el tren en Viet Nam me esta dando muy buenos momentos de viaje. Tal vez no arrebata al barco/bote/lancha, pero me gusta tanto, que me planteo explorar viajes donde el vector principal de movilidad sea el tren…
Paso un rato con mi padre preparando un doc en Google Keep, donde redacto todas las cosas que van a tener que hacer y anticipar una vez nos separemos. No son pocas, y yo me quedo más tranquilo y ellos también, teniendo por escrito que cosas deben ir anticipando cada día, los check-in de los vuelos, el formulario electrónico de entrada a Tailandia, tarjetas de teléfono o eSIMs…
Paso un buen rato de pie entre vagones, mirando por la ventana, fumando y sacando fotos. Al par de horas saco los huevos duros que compré en el puestito junto a las vías, la bolsa de tamarindo, con sal, azucar y chili, luego los lichis y los mangostán, que me encantan! Rematamos una bolsita de frutos secos que ha durado estos 20 días, y para más golosineo, repartimos una barrita de cereales de plátano y chocolate que viene desde Madrid. Siempre compramos varias cajas y metemos las barritas por todos los bolsillos de las mochilas… siempre hay algún día con el pie cambiado y resuelve.
Luego me siento y duermo una hora y pico. Cuando despierto son las 16:45, debe faltar unos 40 minutos. Me vuelvo al pasillo entre vagones a fumar y ver las vistas… es la hora de oro… lleno mis ojos de fotones que han tardado 8 minutos en llegar desde el sol, y rebotan sobre arrozales, ríos y palmeras, para justamente terminar en el fondo de mi retina… la probabilidad de que uno cualquiera de esos fotones terminara excitando mi fondo ocular es infinitamente más pequeña que la más diabólica de las loterías que haya inventado el ser humano… es el presente, como diría Kunfu Panda, es el auntentico regalo de lo imposible convertido en realidad… vibro de emoción viendo esos paisajes correr ante mis ojos…
Voy siguiendo la ruta en Google Maps y me anticipo al revisor y la locución… señores… estamos llegando. Bajamos maletas y mochila de los compartimentos superiores y nos colocamos en posición de salida. Poco después el revisor, abre puertas. En nada llegamos y bajamos. Le digo a mi padre que prepare la gestión del Grab. Mejor tenerlo todo casi hecho antes de salir como salen las reses en una muestra de ganaoo… en cuanto cruces la puerta de la estación te van a volver loco y por experiencia, son momentos en los que se pone uno nervioso y se puede liar… no porque te hagan nada malo, simplemente te pones nervioso porque te tosigan, y si no tienes las cosas preparadas, te lias, y son momentos propicios para perder cosas, por llevar muchas en las manos, o sucumbir ante un pesado y pagar algo de más. Mi padre hace lo correcto y justo al cruzar la puerta llama al grab que ya tiene configurado (origen, destino). En cuanto lo hace, me quedo con la matrícula y en el mapa veo que ya está aquí, está estacionado… lo busco…
Mis padres vienen detras de mi, ya he localizado el coche, pero cuando llegan al coche, detrás viene un energúmeno pegando gritos, flaquito, con gafas y mucho nervio. Inicialmente me pongo en guardia porque no entiendo. Lo freno hablando en español… que coño te pasa? Rápidamente pillo el tema. Debía estar persiguiendo a mi padre que trataría de espantarlo, para luego ver que justamente al coche que nos dirigimos es el suyo. Es un lamento histriónico, más propio del mundo árabe que de estas longitudes (que no latitudes). Cambio de registro y me río, y el se rie… ok… capisci!!! Cero mal rollo, pese al desconcierto inical.
En cuanto empieza a conducir termino de entenderlo todo… es un puto manojo de nervios… no toca la pita como todos, en un acto que significa: cuidado que voy… no… este toca la pita a rafagas… es más me viene a la cabeza la imagen de un gamer de FPS, que con su mando transmutado en volante va pegando tiros y matando, vehiculos y viandantes… madre mía!!! voy descuajaringado internamente, reteniendo la carcarjada.
Son veinte minutos. Desde la estación a la playa es un continuo urbano. Finalmente llegamos. El taxista da media vuelta en una avenida de 3 carriles por banda con objeto de dejarnos en la puerta. Le pega, pero no nos sorprende, los cruces en perpendicular o dirección contraria son continuos… y sin embargo hasta mis padres se han terminado dando cuenta que dentro de esa aparente anarquía hay una prudencia y control que hace que puedas cruzar una autovía de 12 carriles andando sin problemas.
Al bajarnos mi padre le ha escrito en el traductor un texto muy cortés, indicando que no había entendido bien la situación en la estación. El hombre se ríe sin darle importancia, y agradece la propina que le da. Coge todas las maletas, en modo hormiga atómica y las lleva hasta el interior de nuestro nuevo hogar. Nos despedimos con un cảm ơn (gracias).
Según entramos el chico de recepción me muestra mi nombre y me pide pasaportes. Los mostramos (cosa que me extraña, ya que tenemos 2 reservas, la mía y la de mis padres). Me pide que pague por adelantado y le pago los 50€ que me salen las 3 noches en una septima planta, en primera linea de playa y mirando a naciente. Me salgo a fumar mientras mis padres gestionan su reserva. Al poco veo desde fuera que no se están entendiendo. Me llaman. Entro y pregunto. Parece como que no le quiere coger el dinero a mis padres. Le pregunto y me dice que ya está pagado. Intuyo la situación.
En general he hecho yo las reservas, siempre que ha sido posible nos hemos quedado en el mismo sitio. De hecho, en un gesto de gratitud por parte de ellos hacia mi, estamos pagando 2 habitaciones, dividiendo el coste entre tres, con lo cual me están subvencionando parte de la mía, lo cual agradezco encarecidamente. Pero aquí yo solo voy a estar 3 noches y mis padres 4. Yo me he cogido la Habitación deluxe, 7a planta con terraza-balcón, y ellos están en la 5. Cada uno hemos hecho la reserva por separado. La cuestión es que la habitación tiene 2 camas y el chico debió pensar que nos quedabamos todos juntos. Se lo explico, le muesteo que son reservas distintas y finalmente lo entiende.
Una vez todo listo subimos. Los dejo en la planta 5 y subo a la 7. La idea es soltar trastos y a la calle. Mi habitación es espectacular, no tanto por la habitación, que es correcta, pero al estilo funcional chinorri, como por balcon-terraza en primera linea, sobre la playa mirando a naciente… pero ups! el aire no funciona? Pruebo varias veces las justas para bajar directo a recepción. Después del on/off he tocado todos los botones y el chico al mirar el mando (que he bajado, junto con la traducción al vietnamita de: el aircon no funciona), me mira como diciendo, claro, es que lo tienes en modo blaublau… Yo entiendo su sospecha, pero un boton de on/off siempre tiene una respuesta que no vi. Casi tengo que cogerlo por la oreja, y meterlo en el ascensor, ya que él está muy convencido de mi error… error… en cuanto llegamos y prueba, comprueba que estoy en lo cierto. Hace una llamada, y me dice que espere. Entiendo que con suerte es algo tan simple como las pilas del mando. Al poco llega, no me explica, pero ya funciona.
Al bajar mis padres, mientras me esperaban, han buscado algunos sitios donde cenar. Uno de ellos no lo ubicamos con el Maps, el otro sí pero está hacia adentro y el playón y la avenida marítima que tenemos delante me piden pasear y estar junto al mar. A ellos les parece bien. Asique empezamos a pasear. Yo mientras busco en maps fultrando restaurantes con +4.5 y +200 reviews. Inmediatamente desaparecen cientos y solo quedan unos pocos, y en la misma avenida, tan solo 4, pero 2 muy próximos.
Nos acercamos. Tiene buena pinta, con sus peceras llenas de bichos vivitos y coleando, incluido peces o langostinos. En eso que me doy cuenta que no saque tabaco. Dejo a mis padres allí y me voy a brujulear hasta dar con una tienda donde al enseñar mi cajetilla de Marlboro me asienten. Pregunto precio… es un 33% más barato que en todo lo que llevo de viaje. Dame un cartón y 6 cervezas, que tengo nevera en mi hogar, y las voy a disfrutar mirando al mar…
Ese corto paseo me ha valido para pillarle el punto al lugar. Cero turismo internacional. Se nota. Todo es un poco menos perfecto, y eso es perfecto. No está contaminado, no se han adaptado a nuestras tontunas, caprichos y prejuicios… no es una ciudad boutique… no, la calle es irregular, mal iluminada y mal asfaltada, las abuelas están sentadas en banquetas hablando en la calle, y muchos locales a pie de acera son salones donde cena una familia a la vista de todo el mundo… bien… esto sí… ojalá se queden los turistas en sus hoteles y su pubs y no contaminen este Viet Nam tan auténtico… y nos dejen a los viajeros disfrutar de la cultura local… trataré de pasar por aquí de puntillas… alterando lo menos posible…
Nos decidimos por el primero que había encontrado. Elegimos medio kilo de langostinos tigre y 3 peces distintos, pedimos todo a la brasa. Caen 5 cervezas. Comemos de lujo, lo gozamos. No llega a 10€ persona. Mi padre dice que ya no va a pedir pho más nunca, desde ahora solo pescado a la brasa y mariscos varios. Terminamos exultantes.
Terminamos sobre las 20:30 y nos echamos a caminar por el paseo de la playa. Sorprendentemente, el plan urbanístico no es un dislate. Hay un playón de decenas de kilómetros y en paralelo un paseo maravilloso, con algunas terrazas coquetas, todo local, ni rasteo de occidentales. De repente música. Vemos gente en la arena y desde allí llega música de campanas. Al acercarnos lo flipo. Pueden ser unos 20 tocando. Todo percusión de metal. Unos hacen ritmo base, otros tienen colgadas de una bara de unos 5 metros un total de 14 discos de metal de distinto tamaño, donde 2 personas con un mazo tipo bombo van golpeando y marcando la melodía. No es un grupo en una actuación y con sombrero. Parece una especie de famila o tal vez haya venido medio pueblo de vacaciones. Es super exótico, pero la coña es que los exóticos somos nosotros… nos miran con curiosidad y sonrisas. Algunos de ellos me invocan y me invitan a acercarme a beber de una fuente de la que todos chupan con mangueras. Es tan raro, que en un primer momento pienso que es una especie de narguila, pero no, es como un calimotxo gigante, familiar… no puedo evitarlo, y chupo de la manguerita por la que han trincado otros tantos… por el sabor sospecho que es vino de arroz o un combinado con él. Disfrutamos música, muchas fotos y seguimos.
Paseamos toda la playa en una dirección (en la otra son más kilometros). Curioseamos entre calles a oscuras, si hay acceso al otro lado de la bahía. No lo vemos claro y volvemos. Son casi las 22:00 y aun nos quedan unos 15 minutos hasta nuestro hotel. Estamos en la última terraza sobre la arena que hay hasta llegar al hotel. Les digo a mis padre que alli me quedo, voy a empezar a escribir super tarde y no quiero retrasarlo más. Nos despedimos, mañana hablamos. Me tomo allí un par de birras mientras escribo y luego al volver al hotel sigo en la terraza. Son las 2:00 de la matina, si me descuido toca maitines.
Cambio y corto, a pie del Pacífico y mirando a naciente… dulces sueños!!!